Perfumes.
Flores, piel y canela.
¿Que voy a hacer con todo lo que pienso?
¿Nunca os habéis hecho esa pregunta? No habéis sentido vuestras neuronas crear sinapsis, esa euforia suave de entender y ver y entonces decir ¿qué voy a hacer con todo lo que pienso?
No es un sentimiento bueno, es realmente overwhelming, sin duda. No da ansiedad ni ataque de pánico. Solo desborda. Es más como flotar en el aire en vez de volar cual colibrí gigante -que desproporción-
Había una vez dos que se encontraron y sin duda cayeron in love. Entre palabras, soles y algún helado, la idea de los perfumes les ocupaba el tiempo. Él se coló en su espacio regalándole una chaqueta impregnada de su olor. Ella notaba ese olor como una alfombra voladora ocupando su casa, planeando bajo, un águila a la altura de la silla donde la chaqueta descansaba cuan bandera de guerra dormida.
Los días pasaron y los olores se mezclaron, descubrieron el mar juntos y más de ciento once canciones también. (Todo esto simplemente para escenificar que el espacio y el tiempo lo compartían)
Ella adoptó su fragancia. Feliz y entusiasmada. El avisó que posiblemente dejaría de oler pero celebró el gesto igual. Durante un tiempo compartieron olor hasta que ella un día sintió que no olía. Se lo contó. El le dijo que había que alternar para seguir oliendo. Él lo hacía.
La identificación no abre horizontes aunque produce calor. Seguridad.
La distancia de la perspectiva hace florecer.
Desenvolvieron un día nuevo que llevaba papel de regalo y se fueron bailando a buscar un perfume de flores (perfume, si, a ella le obsesionaba la permanencia, como todo lo que osaba detener el tiempo). Flores blancas, azahar y rosa, gotas de mandarina y ámbar quizás. ¿Tabaco, mirra? Quizás.
Faltaba aún para la primavera pero las nubes ya dibujaban tulipanes.
¿Qué haré con todo lo que pienso, lo que descubrí, lo que aprendo?
Paz y Amor. Galletas de canela con champán rosé, la luz precisa y perfecta cayendo.
Aquí estoy juntando palabras solo por el placer de las imágenes. Pero entonces, ha sido la Belleza, si. La belleza me ha desequilibrado, la sinceridad.
Los estoicos dándome tregua, dando oxígeno a una epicúrea como yo.
Lo bueno, lo justo, lo bello.
( Un cantar de cantares que envejece maravillosamente bien para cerrar un cuentito de los reptiles adorables de los miércoles)

